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familiaLa  familia “Iglesia doméstica”

Queridas familias, para entender la familia como “iglesia doméstica”,  primero debemos entender los que significa la palabra Iglesia, que viene del término Griego: Ekkesia,  que significa "asamblea", "convocación"  en concreto  se designa a la Iglesia como la comunidad de personas reunidas o convocadas en asamblea para expresar su fe en Dios.

Para entender mas el sentido de Iglesia hemos de decir que tiene como identidad la dignidad de los hijos de Dios por el sacramento del bautismo con filiación divina  en Jesucristo (como comunidad de bautizados)  y en cuyos corazones habita el Espíritu Santo; tiene como norma suprema el mandamiento nuevo de amar a la persona que vive con nosotros a enseñanza  del mismo Cristo que  nos ha amado; tiene como misión: acoger la salvación y llevarla a los hombres y como destino: el Reino definitivo de Dios, del que ya es germen en toda la comunidad universal de los bautizados .

De esta manera, vamos entendiendo cómo debe de ser la familia cuando realmente vive como una pequeña “iglesia doméstica”, siendo una sola familia identificada como Hijos de un solo Padre,  redimida por la sangre de Jesucristo, unida en la fe de un solo Dios, un solo bautismo y un solo espíritu de amor.

Por lo tanto, cuando una familia está fundada en el sacramento del matrimonio, ésta se introduce en la alianza eterna de Dios. La familia se convierte en un templo del amor y una comunidad de bautizados llamados a ser transformados por Dios a través del servicio a la vida. Jesús nos abre un camino y nos muestra que el amor es nuestro servicio y ofrenda al mundo.

La familia, como “iglesia doméstica” tiene la misión de ser la principal educadora de los hijos y en ellos reflejada la humanidad de las próximas décadas.  La familia como iglesia, a  pesar de todas sus dificultades,  refleja la ternura, la fidelidad y misericordia de Dios. Ella abre las puertas al Redentor y se constituye en mensajera del amor compasivo de Cristo, en primer lugar para los niños, pero también para toda la humanidad, pues: “Hoy la humanidad parece mucho mas interactiva  que antes: esa mayor vecindad debe de transformarse en una verdadera comunión, el desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia”  (S.S. Benedicto XVI, Carta encíclica CARITAS IN VERITATE 53), Para que esto sea una realidad, es necesario, en una ardua y constante labor,  que los padres de familia den lugar al Espíritu de Dios en el corazón de su familia.

Cuando Dios es mencionado con frecuencia, cuando la historia de la vida de Jesús es contada con entusiasmo y cuando cada oportunidad de oración es celebrada, los hijos desarrollan una vida de intimidad con Dios en forma lenta pero segura. La familia es en verdad una “casa de Dios” que prepara a los hombres para proyectarse a las próximas generaciones en un mundo hostil y extraño.  Al escribir esto recuerdo las palabras de S.S Juan Pablo II diciendo que el futuro de la humanidad se fragua en la familia (FC 86).

En la reciente evaluación y actualización de nuestro plan diocesano de pastoral, se planteó la propuesta de que queremos que la familia sea una verdadera iglesia domestica. Por gracia de Dios hemos constatado algo que el Concilio Vaticano II (LG. 11) expresó diciendo que “la familia es una iglesia doméstica” para que ayude a muchas familias en el mundo a ser en todo la imagen viva del amor de Dios. Y ha entrado dentro de nuestra programación 2010 – 2016 el deseo de que nuestras familias sean una verdadera “iglesia domestica”.

En efecto, en el seno de la familia se encuentran los ideales y modelos de conducta, si bien la familia ha de contar también con el apoyo de la escuela, de la parroquia y de los diversos grupos eclesiales que favorecen una educación integral del ser humano. Partiendo de esta convicción debemos defender el derecho de los padres a la educación de los hijos. Nadie, ni siquiera el Estado, puede arrogarse la protección de los menores, a no ser que concurran circunstancias muy especiales de desatención o de coacción intolerable, pero esto es lo que menos se quiere que ocurra en nuestras familias cristianas.

Por el contrario, queremos que nuestra familias sea la verdadera iglesia en el hogar participando en la oración familiar, educando en la fe, en la celebración de una fiesta, un bautismo, una boda, una comunión u otro sacramento, también en  la participación de la misa dominical, en la lectura de la Palabra de Dios en familia,  en la bendición de los alimentos, en el rezo del rosario en familia, en el ofrecimiento a Dios de los hijos, etc.  Son en esos momentos especiales en que la familia es y vive todo el sentido y significado de su ser de pequeña iglesia doméstica inspirada y motivada   de la Gran Iglesia que camina por el mundo entero como pueblo de Dios, compartiendo la familia con ella el ser sacramento universal de salvación para toda la humanidad.

Por su amable atención Muchas gracias.

Autor: Padre Jaime Gutiérrez Jiménez. El amor vence al temor.

Tomado del periódico católico: Familia Unida. El periódico de la familia Querétana     Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  442 253 94 85